Más contenida que explícita, la violencia cruza “Rojo” del principio al fin. El caldo de cultivo en el que se cocinó el golpe militar de 1976 es un submundo de silencios, de complicidades y de hipocresías que la película expone con precisión admirable, a partir de una mirada exenta de cinismo y de juicios morales. Con “Rojo”, Benjamín Naishtat (director y guionista) concreta una de las aproximaciones más fieles que el cine argentino ha plasmado sobre el rol de la sociedad en el drama que derivó en el terrorismo de Estado. Es, a uno dudarlo, uno de los grandes estrenos de la temporada.

Darío Grandinetti encarna a Claudio Morán, abogado de un pequeño pueblo de provincia. Morán es una figura respetada (“el doctor”), aunque detrás de la fachada se agazapa un personaje frío, inescrupuloso y, a la vez, culposo. Morán transita emitiendo sentencias imbuidas de una ética de la que carece. “Sos un pobre tipo”, le enrostra a un hombre con el que protagoniza un incidente en un restaurante (escena clave de la historia). Naishtat se encargará de demostrar que el pobre tipo es Morán. En el medio pasan muchas cosas en el pueblo: el saqueo de una casa a cuyos dueños “se llevaron” en un operativo, la presencia de un oscuro interventor en el municipio, el secuestro de un jovencito a cargo de cuatro “chicos bien”. Y más.

Un pasaje, cerca del final, subraya el clima de época y se vale de un apunte histórico para reforzar la metáfora. Un mago ejecuta la desaparición de una chica y durante el truco anuncia: “desapareció... No está”. Palabras similares a las que años después emplearía el dictador Videla para referirse al tema.

Andrea Frigerio y Laura Grandinetti (hija del actor en la realidad) componen el núcleo familiar de Morán. La conexión entre los tres es difusa, extraña, tanto como la desconfianza que domina esa Argentina de 1975 que “Rojo” retrata. La llegada al pueblo de un famoso detective -interpretado por el chileno Alfredo Castro-, un ex policía ultramontano con disfraz de cruzado, intentará echar luz sobre otra desaparición, esas de la que no se habla en voz alta. Y Morán, por supuesto, hará lo posible por eludir su responsabilidad en el caso.

La reconstrucción de aquella Argentina, de 43 años atrás, es impecable. Naishtat la filmó con una variedad de recursos estéticos que habla de su versatilidad y de su buen gusto. “Rojo” está contada a la velocidad justa, bien actuada, y coronada por una serie de homenajes a los 70 que afloran en la música, en la fotografía, en el desarrollo de los títulos y hasta en determinados planos. Y para desnudar hasta qué punto la violencia atravesaba la sociedad se vale de una propaganda de Bonafide que pone los pelos de punta.

Origen: Argentina/otros, 2018. Dirección: Benjamín Naishtat. CON: Darío Grandinetti, Andrea Frigerio, Diego Cremonesi, Alfredo Castro, Claudio Martínez Bel, Laura Grandinetti. Guión: Benjamín Naishtat. Fotografía: Pedro Sotero. Música: Vincent van Warmerdam.